miércoles, 11 de noviembre de 2009

(...)

Estoy tan seguro cuando hago bien y otro tanto cuando me equivoco. La culpa y mis absurdas acusaciones rebotan contra mi cuero sentido con desesperación, como un gato doméstico recién arrojado a la jaula de los perros salvajes. A ciertos Cristos no hay que crucificarlos, basta con marcharse religiosamente y sin despegar los labios.
Y te extraño con las uñas clavadas en mis palmas y la mirada echada en la vereda, arropado de soledad.
¿Cómo hacer para que los pensamientos no te lastimen para que lastimes, cómo se apaga el fuego con más fuego? Todos somos idiotas más y más de una vez.
Y te extraño con la cara perdida entre mis rodillas, nada existe para mi sin vos.

4 comentarios:

Bea dijo...

Uno llega a sentir lo que decís. Me has conmovido con tu hermoso texto.
Saluditos

Leandro Rodríguez dijo...

Gracias por el comentario.
Saludos
Leandro

Victoria dijo...

Es muy lindo lo que escribes.

Saludos Victoria
http://apasionadosweb.blogspot.com

Anónimo dijo...

Cuánta tristeza. Pero tristeza de las bellas. Sí, las hay.

Un abrazo.

Janice